Portafolio
21 de Junio de 2008

La inflación, el principal enemigo de la Fed

 

Casi sin una pausa de por medio para reflexionar, los bancos centrales, los mercados y los comentaristas económicos están dejando de lado las preocupaciones de que el descalabro del sector inmobiliario y la crisis del crédito causen otra Gran Depresión, como la vivida en los años 30, y están volcando su atención a la inflación.

Es fácil ver las razones detrás del cambio, pero también es fácil que a los bancos centrales se les vaya la mano.

En Estados Unidos, el alza en los precios de la energía y los alimentos han hecho subir la inflación de los últimos 12 meses a un 4,2%, un regreso al ritmo de inicios de los años 90. Los precios mayoristas han aumentando un 7,2%.

En Europa, la inflación ronda el 3,7%, su nivel más alto en la corta vida del Banco Central Europeo. En Gran Bretaña, los precios han crecido 3,3% y el Banco de Inglaterra anticipa que la inflación superará el 4% en el segundo semestre y seguirá "marcadamente
por encima" de la meta de 2% durante buena parte de 2009. En muchos mercados emergentes la inflación es peor: 10,5% en Arabia Saudita, 10,4% en Sudáfrica y 7,7% en China.

Los titulares de la prensa hablan de "olor a estanflación", aludiendo
a la dolorosa combinación de crecimiento flojo y precios en aumento que caracterizó a los años 70. Los bancos centrales sacan a relucir su retórica más dura contra la inflación y empiezan a subir las tasas de interés o se disponen a hacerlo.

Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal de EE.UU, promete que la Fed "resistirá enérgicamente la erosión de las expectativas de inflación de más largo plazo". Los ministros de Hacienda del Grupo de las ocho principales economías del mundo, enfatizaron la semana pasada la "presión inflacionaria global".

En su reunión de unos meses atrás, estaban preocupados por los disturbios de la banca y los mercados financieros.

En cierto sentido, el hecho de que los bancos centrales estén abocados a combatir la inflación es un alivio. Significa que están menos preocupados por la crisis inmobiliaria en EE.UU. y sus efectos sobre la economía mundial.

Cuesta mucho tener una depresión económica y un alza de los precios en forma simultánea. Desde la perspectiva de la Fed, la economía estadounidense está en mejores condiciones de lo que se temía hace unos meses. Aunque el aumento de los precios del petróleo, la contracción del crédito y la caída en los precios de los bienes raíces representan una amenaza importante para la economía, EE.UU. ha seguido creciendo, aunque a un ritmo anémico, durante el actual trimestre.


Asimismo, el auge en los precios del petróleo y el alza paulatina
de la inflación son temas con los cuales los bancos centrales están familiarizados. La crisis crediticia era un desafío nuevo. En el medio de la crisis, el secretario del Tesoro de EE.UU., Henry Paulson, sacó a colación las palabras de un banquero
de inversión que debía hacer frente a una oferta hostil: "Sería
interesante si no me estuviera pasando a mí".

La inflación ha subido, principalmente, debido al aumento en los precios de la energía y los alimentos. Eso se ha traspasado a los precios de toda clase de cosas, como los pasajes aéreos y los envíos de correo certificado.

No obstante, el resto de la economía estadounidense no se ha contagiado del virus inflacionario. Al excluir la energía y los alimentos, la inflación ha subido un 2,3%, es decir, no hay una diferencia notoria frente a los últimos años.

Ben Bernanke, un estudioso de la historia económica, hará todo lo que esté a su alcance para no repetir los errores de los años 20 y 30 que contribuyeron a la Gran Depresión. Pero tampoco quiere caer en los errores de los años 70 que contribuyeron a la Gran Inflación y quiere que todos lo sepan.